Masturbación política.

Está por cumplirse una semana que se realizó la Consulta Ciudadana sobre la Reforma Energética.

No voy a hablar sobre la reforma, básicamente porque no me he informado lo suficiente sobre qué va. Voy a hablar sobre la consulta.

La consulta fue, en resumen, un acto de onanismo puro, de mirarse en un espejo y preguntarle qué partido es el más bonito y democrático sabiendo de antemano lo que va a contestar.

No importa que el gobierno federal haya hecho campaña en favor de la reforma energética (ese es un punto aparte, en mi opinión fue una reacción innecesaria, que costó mucho y que no sirvió de absolutamente nada así que podían habérselo ahorrado): mientras menos democráticamente juegue tu oponente, mientras más manipule las cosas, más éticamente deberías actuar tú. La última vez que me enteré, el fin no justificaba los medios.

Pero, por supuesto, es demasiado pedir al partido que hizo una ensalada de sus propias elecciones después de virtualmente decir que eran los únicos con credibilidad en todo el país en el 2006. Era demasiado pedir que pusieran preguntas limpias y que no pusieran pancartas gigantes en las que venía la pregunta, con un “sí” que casi hacía falta lupa para leerlo y un NO que se leía desde dos cuadras de distancia.

En segundo lugar, a mí me habría encantado ver una Consulta Ciudadana sobre la Consulta Ciudadana. Me pregunto cuántas personas responderían sí a la pregunta (usando la misma estrategia en las preguntas que se usó) ¿Está usted de acuerdo en que se gasten millones de pesos en una consulta que no tiene ningún valor, o preferiría que fueran destinados a un programa de becas para que sus hijos estudien la preparatoria?

Porque, seamos sinceros, la consulta no dijo nada que no supiéramos ya: que los simpatizantes del PRD se oponen a la consulta porque el PRD se opone a la consulta, y que están dispuestos a votar a cambio de una gorra. Y, por supuesto, a decir lo que quienes organizaron la consulta quieren escuchar. Antes que me digan que al menos es gente que participa, diré que no lo hace. Ir y estampar tu huella y un tache en una boleta no es suficiente participación política (como no lo es votar en las elecciones) sino sólo un principio. Me encantaría ver un foro nacional en el que se sujetara el tema a una discusión profunda, estilo los que organizaba Art Randolph en Marte, con participación de todo mundo: científicos, economistas, políticos, gente del pueblo. Me encantaría ver que cualquier persona pudiera acercarse a ofrecer una idea, una propuesta, un comentario.

Y me encantaría que la discusión no se redujera a usar los medios y los recursos públicos para gritar que nuestra propuesta es la que vale y los otros son los malos. Entonces, una consulta ciudadana tendría mucho más sentido.

Considero que el referéndum, el poner al pueblo a votar una ley, es un excelente sistema político. O lo sería, si no viviéramos en una república de chocolate.

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