¿Qué dicen la Ley y los Profetas?

Desde hace tiempo tenía ganas de escribir esto. En resumen, se refiere a la postura de la Iglesia Católica sobre la homosexualidad y el modo como la gente ha interpretado esa postura. Este análisis parte de los mismos supuestos de los que parte la Iglesia y sigue la línea de razonamiento que se ha seguido para llegar a lo que dice respecto a  la homosexualidad (que no necesariamente coincide con lo que hace, así es el mundo).

Comenzando por el principio, el principio es la infalibilidad. La infalibilidad es una doctrina que afirma que la Iglesia Católica (de aquí en adelante “la Iglesia”, para ahorrar caracteres porque hay crisis y están caros) no puede equivocarse cuando enseña a todos sus fieles en asuntos de fe y de moral, y parte de dos supuestos:

a) La Iglesia Católica fue constituida por Cristo.

b) Cristo encomendó a su iglesia velar por sus fieles.

De aquí se sigue que si Dios vela por los fieles a través de una organización que él instituyó, tiene que garantizar que dicha organización sea una guía confiable, por tanto tiene que evitar que se equivoque. (Puede verse de forma mucho más extensa y mejor explicada aquí).

Ahora, eso no significa que ni la Iglesia ni el Papa sean incapaces de equivocarse en cualquier momento y sobre cualquier tema. La infalibilidad tiene condiciones muy restringidas. Se requiere, en primer lugar, que ya sea la Iglesia o el Papa, debe estar pronunciándose de manera categórica y definitiva sobre un tema de fe o moral, y en un mensaje dirigido a todos los católicos, porque ese es el ámbito en el que la Iglesia actúa como guía.

En el caso del Papa, a esto se le llama pronunciarse ex-cathedra. En el caso de los obispos, tomados como un conjunto, se pide que estén reunidos en un concilio general o que proclamen unánimemente una enseñanza de fe o moral, y que su enseñanza esté sujeta a la autoridad del Papa.

La versión hipercondensada del tema es que lo que dice la Iglesia va a misa, cuando se trate de cosas que van a misa.

Lo que dice la Iglesia se encuentra por escrito en el Catecismo (que, si a mí me preguntan, debería de ser lectura obligatoria para todos los católicos… pero bueno, yo no soy el Papa). Algunos podrían preguntarse para qué hace falta. ¿No se supone que para eso está la Biblia y que es inspirada por Dios y todo eso?

La respuesa es que la Biblia fue escrita por centenares de personas de distintas culturas, en un periodo de más de mil años, y que en cuanto a normas y doctrina es un libro tremendamente confuso. Con el ingenio suficiente se pueden encontrar pasajes para apoyar casi cualquier argumento. Así que es difícil esperar que todas las personas, leyéndola, lleguen a las mismas conclusiones sobre fe y moral. Por otra parte, se supone que Dios tiene muy claro lo que quiere para las personas respecto a esos temas. Entonces, ¿qué se hace?

Lo que se hace es meter un Deus ex-machina, literalmente. La Iglesia interpreta la Biblia y como la Iglesia es infalible, los católicos siguen sus enseñanzas sobre lo que dice la Biblia, que están condensadas en el Catecismo. (Los protestantes, que no tienen una iglesia infalible los pobres, tienen que arreglárselas sólo con la Biblia, y cada que en una iglesia protestante dos gentes no se ponen de acuerdo sobre qué es lo que dice cierto pasaje, tenemos un microcisma y se crean nuevas ramas del protestantismo)

Así que lo primero que hay que hacer para ver qué dice la Iglesia sobre la homosexualidad es ver qué dice el Catecismo sobre la homosexualidad.

El Catecismo está dividido en pequeñas porciones denominadas “numerales” que son como los artículos de la Constitución. Son en total 2865, en las que se supone que están reunido la ley y los profetas. De esos numerales, 69 tratan sobre el amor y el sexo (Prohibido hacer el chiste que todo el mundo está pensando. Seguramente ya ha sido hecho antes), y de los 69 tres son sobre la homosexualidad:

2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados’ (CDF, decl. “Persona humana” 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

El primero de ellos define qué es la homosexualidad, y después aplica un calificativo a los actos homosexuales: “Intrínsecamente desorenados”. En el idioma en que está escrito el Catecismo, “desordenado” significa algo que va en contra de la “ley natural” o el “orden natural” de las cosas.

Para la Iglesia, la “ley natural” es una noción de orden que se encuentra impresa en la naturaleza, incluido el ser humano, y que se encuentra por encima de las leyes humanas. Según esta idea, existen actos que a cualquier persona le resultan instintivamente repulsivos porque van en contra de la ley natural. A estos actos es a lo que se llama “desordenados”. Así que si en un zoológico dos pingüinos, o monos, o cualesquiera otros animales tienen relaciones homosexuales, estarían en automático fuera de la ley natural por muy naturales que sean los animales y sus instintos.

El “intrínsecamente” significa que el carácter desordenado de la homosexualidad es absoluto y no depende de ninguna circunstancia externa, a diferencia del sexo heterosexual, que es desordenado cuando se produce fuera del matrimonio, o dentro del matrimonio pero teniendo como único fin el placer, pero es ordenado y sano cuando se hace buscando producir bebés.

(Si me preguntan a mí, diría que eso puede interpretarse como que una pareja debería pasar una prueba de fertilidad antes de que se le permita contraer matrimonio. Pero, como decía, yo no soy el Papa.)

Si se lee uno los demás numerales, vemos que para la Iglesia el amor y el sexo sólo tienen sentido entre un hombre y una mujer (entre los que, citando al catecismo, “hay una verdadera complementariedad afectiva y sexual”) dentro del matrimonio celebrado según las normas de la Iglesia. Entre otras cosas, es una de las razones por las que me resulta incomprensible la oposición de muchos sectores sociales a que se reconozca civilmente a las parejas homosexuales, porque (¡Sorpresa, miren los numerales 2353 y 2390!) la Iglesia no admite como válido un matrimonio civil tampoco en el caso de parejas heterosexuales. Para la Iglesia, el matrimonio es un sacramento que debe ser celebrado según su doctrina, y una pareja que sólo esté casada por la vía civil, frente a un juez y con acta de matrimonio, no puede considerarse casada. Supongo que la razón de la oposición es una mala interpretación de la palabra “matrimonio”.

Respecto al “No pueden recibir aprobación en ningún caso”, es básicamente la razón por la que no podemos esperar ver a la Iglesia relajar su posición sobre la homosexualidad. Porque no puedes afirmar ser infalible, pronunciarte categóricamente sobre un tema, y después cambiar de opinión y decir que siempre no, que al final resulta que lo que hacían estaba bien y ustedes disculpen. De manera que no esperemos que en un futuro la Iglesia diga que acepta el matrimonio gay o algo parecido (Y si lo hace porque su intransigencia le esté costando caro, al menos yo le voy a perder completamente el respeto. Grandes poderes traen grandes responsabilidades, y si eres infalible te toca cargar con todo lo que has dicho)

El tercero de los numerales (voy a dejar el segundo para el final), básicamente define cómo debe vivir un homosexual según la doctrina católica. La castidad se define como el uso de la sexualidad dentro de la ley natural (es decir, entre un hombre y una mujer casados, o abstinencia)

El segundo es el más interesante de los tres. La “auténtica prueba” a la que se refiere es el hecho, sin duda, de sentirse fuera de la ley natural, que debe ser algo tremendamente doloroso para cualquier homosexual, pues la ley natural es universal y por tanto para cualquier homosexual sus “tendencias” le resultan conflictivas. Aparte del hecho de que la principal “auténtica prueba” del ser homosexual consiste en adaptarse a una sociedad en la que es mal visto, es interesante cómo describe el trato que debe darse a las personas homosexuales: Con respeto, compasión y delicadeza. La compasión, obviamente, se refiere al hecho central de que son personas que sufren una condición problemática y difícil, y el respeto y la delicadeza se refieren a la dignidad que tienen como personas.

Ahora, ¿Qué significa eso de “Se evitará respecto a ellos todo signo de discriminación injusta”? Mirando en la RAE vemos que la palabra “discriminar” tiene dos significados. El segundo es bastante negativo, y se refiere a lo que normalmente conocemos por discriminar: tratar como inferiores a las personas que pertenezcan a algún sector de la sociedad. Si tomamos ese significado, deberíamos suponer que quienes redactaron el catecismo creen, honestamente, que existen casos en los que hay “discriminación justa” (porque aclaran que se debe evitar la discriminación injusta) y por tanto, casos en los que es justo tratar como inferior a alguien. Y eso es una barbaridad tan grande que voto por darles el beneficio de la duda y suponer que se referían al primer significado de la palabra dicriminar, que es “seleccionar excluyendo”.

Entonces, podemos interpretar esa frase como “se evitará todo signo de exclusión injusta”. Sin duda, resulta mucho más razonable que quien sea que escribió el catecismo creyera que hay casos y situaciones en los que es justo excluir a una persona homosexual, que pensar que creyera que hay casos en que es justo negar la dignidad humana de alguien.

Por ejemplo, digamos, podría no ser tan injusto excluir de la práctica de la ginecología a una mujer lesbiana, para evitar situaciones difíciles, tanto para ella como para sus pacientes… si no fuera por la gran cantidad de hombres heterosexuales que practican la ginecología. Pero bueno, era sólo por intentar poner un ejemplo.

Y claro, se les excluye del matrimonio a menos que deseen casarse con alguien del sexo contrario al suyo. Es decir, no se les permite casarse con alguien a quien “instintivamente”, como dice el propio catecismo, aman. Además, no podemos esperar que esta clase de cosas cambien. La exclusión a las personas homosexuales de ciertos ámbitos es de naturaleza moral, y por tanto, dado que los temas de moral están sujetos a la noción infalibilidad eclesial, lo que haya ahí es definitivo.

Ahora, el hecho de despedir a alguien de su empleo por ser homosexual, o no contratarlo, o golpearlo, insultarlo, y todas esas cosas que más gente de la que me gusta pensar hace, no está aprobada por la Iglesia. Puede que la apruebe el cura del barrio, o incluso el obispo de la ciudad, pero ellos no son la Iglesia infalible. De hecho, esa clase de comportamiento no sólo no está aprobada, sino que está explícitamente dicho que debe evitarse.

Así que quienes lo hacen porque ser maricón es malo y perverso y todo eso, les tengo una noticia: No es que estén siendo más papistas que el Papa (aunque Elf diga que últimamente los papas no son demasiado papistas), sino que están siendo totalmente no-papistas. Esa es una discriminación injusta que la propia Iglesia dice que no se debe hacer.

Pensé que les interesaría saberlo.

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