Bajo el sol de febrero

Ya saben, pasa lo de costumbre. Va uno sin meterse con nadie, pensando en sus propios asuntos y la tarea que era para entregarse hace seis horas y ¡WHAM!

Ahí estaba, haciendo ejercicio, con una camiseta negra de tirantes que tenía un tirante roto. Demasiado tarzanesco para ignorarse. Demasiado sexy. Simplemente demasiado.

Demasiadas abdominales y colgarse de la barra, y por mucho que se esforzara en colocar el tirante hacia arriba, con cualquier movimiento volvía a caerse.

La intención de hacer tarea se esfumó. La prisa se tomó unas vacaciones, y me senté sobre el concreto caliente a mirarlo hacer ejercicio.

Abdominales. Barra. Abdominales. Lagartijas. Barra. Cinco minutos de sentarse a hablar con alguien, y el tirante cayéndose.

Barra, con los músculos de los hombros en tensión.

Justo antes de irse, se cambió la camiseta y me regaló un vistazo de una magnífica espalda y damn it, de pronto la tarea era para entregarse hace siete horas, y yo ahí mirándolo… abdominales… barra… abdominales… barra…

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