Rozando la muerte

Ayer estaba transbordando en el metro cuando encontré a una chica, literalmente hecha bola al pie de las escaleras, llorando sin que nadie se detuviera a siquiera ofrecerle un kleenex.

Cuando me detuve a preguntarle… me dijo que un amigo suyo, con el que tenía una relación de años y al que acababa de dejar a un par de estaciones de distancia, estaba muerto porque lo acababan de atropellar. Que la policía le había marcado desde el celular del chico para avisarle que había muerto.

Me pasé cerca de tres cuartos de hora junto a ella, escuchándola repetir una y otra vez lo mismo, hasta que se calmó lo suficiente para salir a fumar y caminar. Ya con el aire se calmó un poco, y al final se puso lo bastante bien para ir a su casa.

Y luego, hoy en la noche al salir del museo nos encontramos con un hombre al que habían atropellado y le ayudamos a llamar una ambulancia. Estuvimos ahí hasta que llegó la policía y luego los médicos a hacerse cargo.

Dos atropellados, en dos días. Uno de ellos muerto, al que ni siquiera conocí pero por lo que me contaron, era una buena persona.

No es de extrañar que esté de un humor un poco más sombrío que de costumbre.

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