Cuatro cosas que me habría gustado que me dijeran antes de entrar al gimnasio.

1.- No es sólo el gimnasio.
En serio, sólo ir al gimnasio, por mucho que uno trabaje, no alcanza. Hace falta un cambio completo de actitud y hábitos para hacerlo rendir.

2.- Vas a sentirte inadecuado.
En serio. Prácticamente cualquiera ahí va a ir más avanzado, por la simple y sencilla razón de que llevan más tiempo. (Por eso es que estás entrando, después de todo). La mayoría, sin embargo, son bastante buenas personas, pero aún así…

3.- A nadie le importa.
En serio, por muy inadecuado que te sientas, prácticamente todos en el gimnasio están ocupados en sus propios asuntos, y no les importa si tienes pelo en las piernas, sobrepeso o brazos huesudos. Mira a tu alrededor. ¿Ves a alguien mirándote?

Fin del asunto.

4.- Nadie tiene la verdad absoluta.
Éste es probablemente el más importante. Entre los entrenadores, los propios compañeros de ejercicio, libros e internet, hay una sobrecarga de información brutal, con consejos variados y muchas veces contradictorios. Ése es el momento en que es importante recordar que cada persona habla o escribe desde su propia perspectiva.

La única regla universal: mientras más dogmáticamente sea presentado un consejo, más hay que desconfiar de él.

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