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¿Qué dicen la Ley y los Profetas?

Desde hace tiempo tenía ganas de escribir esto. En resumen, se refiere a la postura de la Iglesia Católica sobre la homosexualidad y el modo como la gente ha interpretado esa postura. Este análisis parte de los mismos supuestos de los que parte la Iglesia y sigue la línea de razonamiento que se ha seguido para llegar a lo que dice respecto a  la homosexualidad (que no necesariamente coincide con lo que hace, así es el mundo).

Comenzando por el principio, el principio es la infalibilidad. La infalibilidad es una doctrina que afirma que la Iglesia Católica (de aquí en adelante “la Iglesia”, para ahorrar caracteres porque hay crisis y están caros) no puede equivocarse cuando enseña a todos sus fieles en asuntos de fe y de moral, y parte de dos supuestos:

a) La Iglesia Católica fue constituida por Cristo.

b) Cristo encomendó a su iglesia velar por sus fieles.

De aquí se sigue que si Dios vela por los fieles a través de una organización que él instituyó, tiene que garantizar que dicha organización sea una guía confiable, por tanto tiene que evitar que se equivoque. (Puede verse de forma mucho más extensa y mejor explicada aquí).

Ahora, eso no significa que ni la Iglesia ni el Papa sean incapaces de equivocarse en cualquier momento y sobre cualquier tema. La infalibilidad tiene condiciones muy restringidas. Se requiere, en primer lugar, que ya sea la Iglesia o el Papa, debe estar pronunciándose de manera categórica y definitiva sobre un tema de fe o moral, y en un mensaje dirigido a todos los católicos, porque ese es el ámbito en el que la Iglesia actúa como guía.

En el caso del Papa, a esto se le llama pronunciarse ex-cathedra. En el caso de los obispos, tomados como un conjunto, se pide que estén reunidos en un concilio general o que proclamen unánimemente una enseñanza de fe o moral, y que su enseñanza esté sujeta a la autoridad del Papa.

La versión hipercondensada del tema es que lo que dice la Iglesia va a misa, cuando se trate de cosas que van a misa.

Lo que dice la Iglesia se encuentra por escrito en el Catecismo (que, si a mí me preguntan, debería de ser lectura obligatoria para todos los católicos… pero bueno, yo no soy el Papa). Algunos podrían preguntarse para qué hace falta. ¿No se supone que para eso está la Biblia y que es inspirada por Dios y todo eso?

La respuesa es que la Biblia fue escrita por centenares de personas de distintas culturas, en un periodo de más de mil años, y que en cuanto a normas y doctrina es un libro tremendamente confuso. Con el ingenio suficiente se pueden encontrar pasajes para apoyar casi cualquier argumento. Así que es difícil esperar que todas las personas, leyéndola, lleguen a las mismas conclusiones sobre fe y moral. Por otra parte, se supone que Dios tiene muy claro lo que quiere para las personas respecto a esos temas. Entonces, ¿qué se hace?

Lo que se hace es meter un Deus ex-machina, literalmente. La Iglesia interpreta la Biblia y como la Iglesia es infalible, los católicos siguen sus enseñanzas sobre lo que dice la Biblia, que están condensadas en el Catecismo. (Los protestantes, que no tienen una iglesia infalible los pobres, tienen que arreglárselas sólo con la Biblia, y cada que en una iglesia protestante dos gentes no se ponen de acuerdo sobre qué es lo que dice cierto pasaje, tenemos un microcisma y se crean nuevas ramas del protestantismo)

Así que lo primero que hay que hacer para ver qué dice la Iglesia sobre la homosexualidad es ver qué dice el Catecismo sobre la homosexualidad.

El Catecismo está dividido en pequeñas porciones denominadas “numerales” que son como los artículos de la Constitución. Son en total 2865, en las que se supone que están reunido la ley y los profetas. De esos numerales, 69 tratan sobre el amor y el sexo (Prohibido hacer el chiste que todo el mundo está pensando. Seguramente ya ha sido hecho antes), y de los 69 tres son sobre la homosexualidad:

2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados’ (CDF, decl. “Persona humana” 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

El primero de ellos define qué es la homosexualidad, y después aplica un calificativo a los actos homosexuales: “Intrínsecamente desorenados”. En el idioma en que está escrito el Catecismo, “desordenado” significa algo que va en contra de la “ley natural” o el “orden natural” de las cosas.

Para la Iglesia, la “ley natural” es una noción de orden que se encuentra impresa en la naturaleza, incluido el ser humano, y que se encuentra por encima de las leyes humanas. Según esta idea, existen actos que a cualquier persona le resultan instintivamente repulsivos porque van en contra de la ley natural. A estos actos es a lo que se llama “desordenados”. Así que si en un zoológico dos pingüinos, o monos, o cualesquiera otros animales tienen relaciones homosexuales, estarían en automático fuera de la ley natural por muy naturales que sean los animales y sus instintos.

El “intrínsecamente” significa que el carácter desordenado de la homosexualidad es absoluto y no depende de ninguna circunstancia externa, a diferencia del sexo heterosexual, que es desordenado cuando se produce fuera del matrimonio, o dentro del matrimonio pero teniendo como único fin el placer, pero es ordenado y sano cuando se hace buscando producir bebés.

(Si me preguntan a mí, diría que eso puede interpretarse como que una pareja debería pasar una prueba de fertilidad antes de que se le permita contraer matrimonio. Pero, como decía, yo no soy el Papa.)

Si se lee uno los demás numerales, vemos que para la Iglesia el amor y el sexo sólo tienen sentido entre un hombre y una mujer (entre los que, citando al catecismo, “hay una verdadera complementariedad afectiva y sexual”) dentro del matrimonio celebrado según las normas de la Iglesia. Entre otras cosas, es una de las razones por las que me resulta incomprensible la oposición de muchos sectores sociales a que se reconozca civilmente a las parejas homosexuales, porque (¡Sorpresa, miren los numerales 2353 y 2390!) la Iglesia no admite como válido un matrimonio civil tampoco en el caso de parejas heterosexuales. Para la Iglesia, el matrimonio es un sacramento que debe ser celebrado según su doctrina, y una pareja que sólo esté casada por la vía civil, frente a un juez y con acta de matrimonio, no puede considerarse casada. Supongo que la razón de la oposición es una mala interpretación de la palabra “matrimonio”.

Respecto al “No pueden recibir aprobación en ningún caso”, es básicamente la razón por la que no podemos esperar ver a la Iglesia relajar su posición sobre la homosexualidad. Porque no puedes afirmar ser infalible, pronunciarte categóricamente sobre un tema, y después cambiar de opinión y decir que siempre no, que al final resulta que lo que hacían estaba bien y ustedes disculpen. De manera que no esperemos que en un futuro la Iglesia diga que acepta el matrimonio gay o algo parecido (Y si lo hace porque su intransigencia le esté costando caro, al menos yo le voy a perder completamente el respeto. Grandes poderes traen grandes responsabilidades, y si eres infalible te toca cargar con todo lo que has dicho)

El tercero de los numerales (voy a dejar el segundo para el final), básicamente define cómo debe vivir un homosexual según la doctrina católica. La castidad se define como el uso de la sexualidad dentro de la ley natural (es decir, entre un hombre y una mujer casados, o abstinencia)

El segundo es el más interesante de los tres. La “auténtica prueba” a la que se refiere es el hecho, sin duda, de sentirse fuera de la ley natural, que debe ser algo tremendamente doloroso para cualquier homosexual, pues la ley natural es universal y por tanto para cualquier homosexual sus “tendencias” le resultan conflictivas. Aparte del hecho de que la principal “auténtica prueba” del ser homosexual consiste en adaptarse a una sociedad en la que es mal visto, es interesante cómo describe el trato que debe darse a las personas homosexuales: Con respeto, compasión y delicadeza. La compasión, obviamente, se refiere al hecho central de que son personas que sufren una condición problemática y difícil, y el respeto y la delicadeza se refieren a la dignidad que tienen como personas.

Ahora, ¿Qué significa eso de “Se evitará respecto a ellos todo signo de discriminación injusta”? Mirando en la RAE vemos que la palabra “discriminar” tiene dos significados. El segundo es bastante negativo, y se refiere a lo que normalmente conocemos por discriminar: tratar como inferiores a las personas que pertenezcan a algún sector de la sociedad. Si tomamos ese significado, deberíamos suponer que quienes redactaron el catecismo creen, honestamente, que existen casos en los que hay “discriminación justa” (porque aclaran que se debe evitar la discriminación injusta) y por tanto, casos en los que es justo tratar como inferior a alguien. Y eso es una barbaridad tan grande que voto por darles el beneficio de la duda y suponer que se referían al primer significado de la palabra dicriminar, que es “seleccionar excluyendo”.

Entonces, podemos interpretar esa frase como “se evitará todo signo de exclusión injusta”. Sin duda, resulta mucho más razonable que quien sea que escribió el catecismo creyera que hay casos y situaciones en los que es justo excluir a una persona homosexual, que pensar que creyera que hay casos en que es justo negar la dignidad humana de alguien.

Por ejemplo, digamos, podría no ser tan injusto excluir de la práctica de la ginecología a una mujer lesbiana, para evitar situaciones difíciles, tanto para ella como para sus pacientes… si no fuera por la gran cantidad de hombres heterosexuales que practican la ginecología. Pero bueno, era sólo por intentar poner un ejemplo.

Y claro, se les excluye del matrimonio a menos que deseen casarse con alguien del sexo contrario al suyo. Es decir, no se les permite casarse con alguien a quien “instintivamente”, como dice el propio catecismo, aman. Además, no podemos esperar que esta clase de cosas cambien. La exclusión a las personas homosexuales de ciertos ámbitos es de naturaleza moral, y por tanto, dado que los temas de moral están sujetos a la noción infalibilidad eclesial, lo que haya ahí es definitivo.

Ahora, el hecho de despedir a alguien de su empleo por ser homosexual, o no contratarlo, o golpearlo, insultarlo, y todas esas cosas que más gente de la que me gusta pensar hace, no está aprobada por la Iglesia. Puede que la apruebe el cura del barrio, o incluso el obispo de la ciudad, pero ellos no son la Iglesia infalible. De hecho, esa clase de comportamiento no sólo no está aprobada, sino que está explícitamente dicho que debe evitarse.

Así que quienes lo hacen porque ser maricón es malo y perverso y todo eso, les tengo una noticia: No es que estén siendo más papistas que el Papa (aunque Elf diga que últimamente los papas no son demasiado papistas), sino que están siendo totalmente no-papistas. Esa es una discriminación injusta que la propia Iglesia dice que no se debe hacer.

Pensé que les interesaría saberlo.

El laberinto del miedo.

Hace poco más de veinticuatro horas tuve mi primer contacto directo con la violencia en el país. Fue un asalto. Sin fuerza, pero con intimidación. No hubo violencia física, pero sí psicológica. Lo que me sorprendió fue, después del shock y la frustración inicial, fueron mis reacciones.

Antes de dormir, pasé horas pensando en el evento y en si podría haber hecho algo (además de no volver a casa tan tarde) para evitarlo. Y una parte de mí no dejaba de pensar en que si hubiera tenido un cuchillo, o una pistola, los habría mantenido lejos.

Hasta después caí en la cuenta de que estaba dejándome envolver por la misma trampa en la que está atrapada al menos parte de la sociedad estadounidense: la creencia de que el único recurso contra la fuerza es la propia fuerza, de que la única defensa es el ataque. Me tocó descubrir, en carne propia, que la violencia es enormemente contagiosa. Ahí estaba yo, acostado en mi cama, habiendo creído totalmente en la bondad humana durante toda mi vida, pensando en que si hubiera tenido una pistola, les habría disparado.

En una guerra así, uno siempre pierde. Tal vez en un asalto sí pudiera mantener lejos a los asaltantes, pero de ahí, ¿Cuánto tiempo a que ellos también se armaran? Sin duda, poco. Y tendrían mejores armas que uno y estarían por lo menos igual de dispuestos a utilizarlas. Entonces, uno compraría armas más poderosas, y tendría los nervios a flor de piel y el gatillo fácil, y ellos se volverían aún más radicales y…

No, no debe ser así. La violencia crea miedo y el miedo crea más violencia, y la solución no es aumentar la fuerza del huracán. El problema no puede resolverse con que cualquiera tenga la posibilidad de causar daño, sino con que nadie tenga la necesidad de hacerlo. Los chicos que me asaltaron son producto de una sociedad enferma, y su enfermedad se llama desigualdad, ignorancia y violencia. Se imponen mediante la fuerza porque viven en un mundo en que la fuerza es lo único que importa. El detenerlos mediante la fuerza puede ser una victoria momentánea, que tal vez me habría permitido conservar mi mochila, pero sería una derrota a largo plazo para la sociedad, pues ayudaría a extender la idea de que sólo la fuerza manda.

Y no debe ser así.

En un juego de simulación en internet, soy presidente de un país y decido su política. Aquí abajo, una traducción de un párrafo de la descripción de mi país:

“[En este país] el crimen es totalmente desconocido, gracias a una gran presencia policíaca y políticas sociales progresistas en Educación y Bienestar”

Esa es la respuesta, y no armarse. Sólo espero conseguir recordarlo todas las veces que hagan falta.

(Estoy escuchando Color Esperanza, de Diego Torres, por cierto)

Una pequeña declaración de principios.

La cárcel y demás consecuencias legales de un crimen, al menos en mi opinión, no deberían cumplir la función de disuadir a los criminales, porque es un hecho que no lo hacen. A un criminal el que sus actos estén penados no lo va a inducir a no hacerlo: lo va a inducir a ocultarse para hacerlo y después de haberlo hecho.

Igualmente, no veo mucho motivo en una pena como un castigo, a menos que reparen al menos en parte el daño causado. Si un hombre mató a un familiar tuyo, el hacer que lo metan a la cárcel o lo maten no te va a devolver a esa persona, y sin eso, la frontera entre la justicia y la venganza desaparece.

La finalidad de la cárcel y (en su caso) la pena de muerte, en una sociedad racional como la que por desgracia no tenemos, debería ser la de proteger a la sociedad de los individuos lo bastante disfuncionales como para representar un peligro para otras personas, y un lugar donde se les pudiera mantener aislados mientras se busca reintegrarlos a la sociedad. También los criminales son personas y aunque se comporten como animales, tratarlos como si lo fueran nos rebaja a su nivel.

Entonces, ¿cuándo se justificaría la pena de muerte? Cuando estamos tratando con una persona tan disfuncional que no puede reintegrarse a la sociedad y no tenemos la garantía de que la cárcel sea suficiente para proteger a las demás personas. Por ejemplo, un capo del narco, que aún dentro de la cárcel tiene suficiente poder para seguir siendo peligroso, o un Hannibal Lecter, que puede matar al guardia con un trocito de algodón y quitarle las llaves para escaparse de la cárcel.

Ahora, la pena de muerte es algo trementamente serio porque matar a una persona es un acto que no tiene marcha atrás. Si te equivocaste, resulta que privaste injusta e irrevocablemente a una persona inocente del bien más valioso que tiene cualquier ser humano: su vida. Un mínimo conocimiento de la falibilidad humana basta para llegar a la conclusión de que legalizar la pena de muerte es un riesgo demasiado grande que correr. Si tenemos que equivocarnos, prefiero que sea a favor de la vida.

¿A cuento de qué viene esto?

A que la plataforma México Unido propone que se aplique la pena de muerte a secuestradores y homicidas.

(Y en especial, cuando ellos mismos admiten que no es una solución, y sólo sirve para que la gente sienta que se le hizo justicia. Es decir, es una venganza pura y dura)

Masturbación política.

Está por cumplirse una semana que se realizó la Consulta Ciudadana sobre la Reforma Energética.

No voy a hablar sobre la reforma, básicamente porque no me he informado lo suficiente sobre qué va. Voy a hablar sobre la consulta.

La consulta fue, en resumen, un acto de onanismo puro, de mirarse en un espejo y preguntarle qué partido es el más bonito y democrático sabiendo de antemano lo que va a contestar.

No importa que el gobierno federal haya hecho campaña en favor de la reforma energética (ese es un punto aparte, en mi opinión fue una reacción innecesaria, que costó mucho y que no sirvió de absolutamente nada así que podían habérselo ahorrado): mientras menos democráticamente juegue tu oponente, mientras más manipule las cosas, más éticamente deberías actuar tú. La última vez que me enteré, el fin no justificaba los medios.

Pero, por supuesto, es demasiado pedir al partido que hizo una ensalada de sus propias elecciones después de virtualmente decir que eran los únicos con credibilidad en todo el país en el 2006. Era demasiado pedir que pusieran preguntas limpias y que no pusieran pancartas gigantes en las que venía la pregunta, con un “sí” que casi hacía falta lupa para leerlo y un NO que se leía desde dos cuadras de distancia.

En segundo lugar, a mí me habría encantado ver una Consulta Ciudadana sobre la Consulta Ciudadana. Me pregunto cuántas personas responderían sí a la pregunta (usando la misma estrategia en las preguntas que se usó) ¿Está usted de acuerdo en que se gasten millones de pesos en una consulta que no tiene ningún valor, o preferiría que fueran destinados a un programa de becas para que sus hijos estudien la preparatoria?

Porque, seamos sinceros, la consulta no dijo nada que no supiéramos ya: que los simpatizantes del PRD se oponen a la consulta porque el PRD se opone a la consulta, y que están dispuestos a votar a cambio de una gorra. Y, por supuesto, a decir lo que quienes organizaron la consulta quieren escuchar. Antes que me digan que al menos es gente que participa, diré que no lo hace. Ir y estampar tu huella y un tache en una boleta no es suficiente participación política (como no lo es votar en las elecciones) sino sólo un principio. Me encantaría ver un foro nacional en el que se sujetara el tema a una discusión profunda, estilo los que organizaba Art Randolph en Marte, con participación de todo mundo: científicos, economistas, políticos, gente del pueblo. Me encantaría ver que cualquier persona pudiera acercarse a ofrecer una idea, una propuesta, un comentario.

Y me encantaría que la discusión no se redujera a usar los medios y los recursos públicos para gritar que nuestra propuesta es la que vale y los otros son los malos. Entonces, una consulta ciudadana tendría mucho más sentido.

Considero que el referéndum, el poner al pueblo a votar una ley, es un excelente sistema político. O lo sería, si no viviéramos en una república de chocolate.

Ya, por favor…

¿Qué es eso de que algo, cine, música, comida, etc, es mejor y deseable sólo porque es “exclusivo”, “selecto”, “para conocedores” o cualquier otra expresión semejante?

¿Qué es eso de que deja de ser bueno cuando”se populariza” y deja de ser “exclusivo”, “selecto” y “para conocedores”?

En mi mente, por muchas vueltas que se le intente dar, eso sólo tiene una interpretación: No es para la chusma. Y eso es, en primer lugar, ganas de sentirse en una élite privilegiada, pero ni siquiera teniendo algún motivo para sentirse parte de ella, como tienen incluso los pseudointelectuales. Es esnobismo en estado puro.

Y en segundo lugar, es poner el gusto en manos de la misma chusma que se desprecia. Si les gusta, es malo. Si no conocen de ello, entonces es cuando es bueno y deseable. Es no sólo es esnobismo, sino que es esnobismo estúpido.

Hablemos de cine

De cine… veamos.

En términos generales, me gusta el cine, pero como medio para contar historias.

Quiero decir, aprecio una buena técnica para filmar o narrar cuando la veo (y la reconozco, que a veces soy un poco bestia para eso), una buena fotografía, una buena musicalización, y considero que todo eso contribuye a formar una buena película.

Peeeeeerooooo… lo principal siempre es la historia. Existen algunas películas, en particular en el cine independiente (Y tu mamá también me parece el ejemplo más claro) en la que la historia, y de hecho toda la película, me parecen puestas al servicio de la técnica, en ese caso de la técnica narrativa, y pierde bastante interés. Sin duda, sigue siendo interesante desde el punto de vista académico, pero yo normalmente veo las películas por la historia que cuentan.

Eso en cuanto al cine independiente, especialmente el español y el latinoamericano. No me molesta que intenten hacer cosas distintas con el cine, pero me parece una pérdida de tiempo que el cine se enfoque a hacer cosas distintas y a querer que todo el mundo se dé cuenta de que se están haciendo cosas distintas. De hecho, lo que menos me agrada del cine mexicano es lo pretencioso que es. Casi siempre se intenta hacer La Película Definitiva, que marcará un parteaguas en la manera de hacer y ver el cine. Prefiero, y con mucho, películas más ligeras, que tal vez son menos brillantes desde un punto de vista académico, pero que sin duda son más atrayentes para mí como espectador.

Luego, está el cine de Joligud. Si en el cine mexicano/español existe la tendencia molesta de poner la historia al servicio de la técnica narrativa, en el cine de Joligud existe la tendencia doblemente molesta de ponerla al servicio de los efectos especiales y la espectacularidad.

De nueva cuenta, no tengo nada en contra de que se busque hacer películas espectaculares (y amé las vistas de la primera parte de Las Crónicas de Narnia), pero una película en la que se invierte más esfuerzo en efectos especiales que en la historia pierde mucho interés. Y eso incluye a las de Sci-Fi, la verdad sea dicha.

Y, en ambos casos, tampoco me agrada cuando se pone la historia al servicio de la ideología. La tan cacareada independencia ideológica de la izquierda en Latinoamérica (El Crimen del Padre Amaro, por ejemplo) y el espíritu de God Bless America en Joligud (Insert Random War Movie Title Here)

Fuera de eso, ambos cines los disfruto y creo que ambos han producido, a su estilo, cosas muy buenas.

Respecto al cine internacional, tengo que confesar que mi experiencia es más bien escasa. En total debo haber visto unas tres películas de cine francés en mi vida (Y no, no he visto Amelié, está en mi lista de Must Watch Soon), y si hago cuentas, me salen cuatro de cine oriental que me parecieron raras pero comprensibles, y una árabe a la que francamente no le entendí nada. Y una película húngara titulada Un Mundo de Diferencia, que sigo considerando una de las cosas más bellas que he visto nunca.

Ahora, hay una subclasificación del cine que de hecho lo divide en dos. Por un lado está el Cine Musical con mayúsculas, y por otro lado el resto. Soy un fan total, convencido y declarado de los musicales, y aunque hay muchos que tengo pendiente ver, he visto los suficientes como para saber que me encantan, desde West Side Story hasta High School Musical. Este año tengo dos películas en mi lista de Must Watch: Una es Parque Jurásico IV, porque sé que se va a convertir en un clásico del mal cine, y la otra es Mamma Mia!

Eso también incluye, por supuesto, el cine mexicano de su época dorada cuando Pedro Infante cantaba en todas sus películas, pero no hay nada como Joligud para hacer cine musical. Los dos mejores musicales que he visto en mi vida, por si a alguien le interesa, son Oliver! y José el Soñador.

(posteado en cierto foro, y como me gustó cómo me quedó, crosspost para aquí)

De paso, haciendo upgrade a la versión 2.5 de WordPress. La 2.3 me gustaba más en el diseño, pero algunas cosas dejaron de trabajar y no conseguí que lo volvieran a hacer por mucho que me esforzara. Me imagino que me acostumbraré, aunque me sigue pareciendo que el 2.5 es bastante feo. Pero funciona mucho mejor que la última vez que lo instalé, así que…

Y hablando de cine, tengo pendiente hacer un resumen de Wall·E

Libros de Ciencia Ficción: Alas Nocturnas, por Robert Silverberg.

Tenía tiempo que quería comenzar con esto.

Título: Alas Nocturnas (Original en inglés: Nightwings)

Autor: Robert Silverberg

Resumen de la trama, sin spoilers: Ejem, es un libro un poco difícil de resumir. Veamos…

En la historia previa de la novela, la tierra vivió una época de gloria, que terminó abruptamente por una catástrofe en la cual se sumergieron un par de continentes. Posteriormente, la humanidad se dividió en castas o, como las llaman ahí, hermandades.

Cada hermandad tiene sus propios ritos, mística y funciones, y a lo largo de la novela se van revelando algunas de ellas.

La novela trata sobre un Vigía, que es parte de una hermandad que se dedica a observar el cielo buscando señales de una invasión extraterrestre. Junto con él viajan Avluela, una muchacha que es miembro de la hermandad de los Voladores, seres humanos modificados genéticamente que pueden volar, pero sólo por la noche porque de día el viento solar ejerce demasiada presión sobre sus alas (de ahí el título de la novela) y Gormon, un Mutante.

A partir de aquí, spoilers de la trama.

Al final de la primera parte de la novela, la invasión que los Vigías esperaban se produce y la tierra es conquistada en una sola noche. El Vigía se ve obligado a llevar una vida errante acompañando primero al destronado Príncipe de Roma y luego a una mujer que ha sido expulsada de su hermandad, y finalmente termina en Jerusalén, donde es sometido a un proceso por el que rejuvenece y tiene la oportunidad de comenzar una nueva vida, y se une a una hermandad recién creada que tiene la finalidad de sanar al mundo.

Listo, fin de los spoilers

¿Qué tiene de bueno?

No es una de las mejores novelas de ciencia ficción que haya leído nunca, pero es una de las más bellas. Algunos personajes, en particular el Vigía y el Príncipe Enrico, logran una gran humanidad en pocas frases.

Además, consigue plantear un mundo completamente distinto al cotidiano y hacerlo de manera creíble, llevando al lector realmente a ese mundo.

¿Qué tiene de malo?

En ocasiones carga las tintas emotivas en exceso, en particular muy cerca del final. Y algunos personajes podían haber tenido más profundidad. Bernalt y Avluela, por ejemplo, tienen únicamente cualidades, y Olmayne únicamente defectos. Diría que esa es la principal carencia de la novela.

¿Recomendable?

Sin duda.

Las cinco mejores escenas del cine gay.

Y como estuve una semana sin postear, doble entrada el día de hoy.

De acuerdo, lo admito: no he visto todas las películas que hay en cine gay, así que tal vez haya alguna mejor que las que pongo aquí, pero (por lo menos que las primeras cuatro) me parece difícil.

Quinto lugar:

El diálogo entre Simon y el padre de Wai Tung en El Banquete de Bodas.

¿Por qué es buena?

Por la ironía deliciosa de que todos mienten buscando hacer felices a los demás, cuando todos saben la verdad que nadie se atreve a decir. Porque resume perfectamente la película. Por la expresividad del padre y Simon, que expresan todo lo que hace falta expresar sin necesidad de grandes alardes. En resumen, porque te deja un buen sabor de boca.

 Cuarto lugar:

La segunda vez que Jack y Ennis tienen sexo, la primera que hacen el amor. Obviamente, en Brokeback Mountain.

¿Por qué es buena?

Sé que la mayoría de la gente preferiría destacar el beso que se dan después de años de no verse, o tal vez la escena en que Ennis le canta al oído a Jack, pero en lo personal, encuentro que esta es La Escena de la película.  Todo en ella está realizado de una manera soberbia. El lenguaje corporal de Ennis, que no se atreve a mirar a Jack a los ojos, y que coloca entre ambos como protegiéndose el sombrero, símbolo de su virilidad de cowboy, la mirada de Jack, la música, todo en la escena es una obra maestra.

Tercer lugar: 

El final de El Tiempo que nos queda.

¿Por qué es buena?

En ninguna otra escena, por mucho que se esfuercen los cineastas, ha logrado hacerse algo más bello y poético con la muerte. Y la música, que a partir de aquí es una constante, y el oleaje, y la luz, y todo…

Segundo lugar:

La escena del baño en Bangkok Love Story.

¿Por qué es buena?

Una fotografía inmejorable, una musicalización absolutamente perfecta, una ambientación… basta, me quedo sin palabras. Mejor posteo directamente el video. La escena en cuestión comienza a partir del minuto 1:35 y termina cuando termina.

Y en Primer Lugar:

La escena de la nieve en Yossi y Jagger.

¿Por qué es buena?

No voy siquiera a intentar describirla. Mejor posteo directamente el video, y si alguien no comprende qué es lo que hay de bello, magistral y completamente perfecto en esta escena, es que ni un millón de palabras bastan para explicarlo.

Eres hermoso, soy tu fan número uno.

Y tú, su novia, eres una prostituta fea, deberías apartarte y dejarle el campo libre a alguien mejor que tú, por ejemplo yo.

Soy tu fan número uno y no entiendo qué haces con Vanessa, mejor anda con Ashley.

Soy tu fan número uno y no endiendo qué haces con Vanessa, mejor anda conmigo.

Sólo quiero decir que eres hermoso, te amo, te adoro, eres lo máximo.

Escríbeme porfa (No estoy dejando mi mail ni ninguna información de contacto, así que si entraras y leyeras esto, y por culpa de una alineación planetaria decidieras escribirme no tendrías manera de hacerlo, pero escríbeme porfa para decirme que me amas. Sé que me amas)

Ya, en serio. Suelo decir que cada gay lleva una quinceañera sobrehormonada dentro, pero viendo cosas como esta… no, no llevo una quinceañera sobrehormonada dentro.

Okey, que aquí están pidiendo que se le escriba como si realmente fuera Zac (mi imaginación no alcanza a imaginar para qué, honestamente) pero en cantidad de otros sitios simplemente la gente escribe como si por arte de magia los mensajes fueran redirigidos al mail privado del ídolo adolescente en turno. Y aunque algunas veces estos leen y contestan, es una vez de cien mil o algo así.

¿En serio creen que su ídolo va a navegar por todas sus propias galerías leyendo todo lo que lo aman, lo adoran, y llevando la cuenta de las chicas que son su fan número uno? ¿Y que les va a hacer caso al grado de dejar a Fulanita para andar con Zutanita (o con ustedes) sólo porque lo dice una desconocida de internet?

¿Creen que Zac y Vanessa, por ejemplo, naveguen en Internet en español? Para empezar: ¿Creen que hablen español?

Ya lo sabía.

(Que sí, todos tenemos derecho a hacer squee y yo soy el primero que lo hace cuando ve fotos de Zac Efron/Poncho Herrera/Justin Timberlake/Chad Faust/un etcétera larguísimo, sin camiseta, pero tengamos un poco de realismo por favor. Escríbele a tu ídolo favorito diciéndole que es hermoso, pero no esperes que te lea. Y mucho menos que te conteste)

(Related link in English)

No quiero saber.

Todos hemos oído alguna vez mencionar el tema.

Existen canadienses francófonos, que se sienten orgullosos de no saber inglés.

Existen, obviamente, muchos estadounidenses que tienen a gala no saber español.

Conozco académicos que se vanaglorian de no haber visto nunca telenovelas, o cine de Joligud, o haber leído a Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

Y sé que en algunos círculos de esnobismo cultural se considera elegante y “culto” no saber sobre ciencia. (O sobre cómics, o sobre internet, o etcétera etcétera)

Honestamente, es una actitud que me resulta completamente incomprensible. Quiero decir, estoy completamente de acuerdo en que existe el conocimiento inútil, sin el cual uno puede pasarse perfectamente. Yo, por ejemplo, no sé nada de elaboración de cartas astrales, pero si en algún momento me toca leer algo de eso y una parte se me queda en la memoria, no voy a lamentar saberlo ni avergonzarme de saberlo (Igual que recuerdo por haberlo leído algouna vez que la película que ha ganado más Óscares sin llevarse el de Mejor Película es Cabaret, y por el contrario, Gran Hotel ganó el premio mayor sin siquiera estar nominada a algún otro Oscar)

No veo los Simpson. Lo que he visto de la serie me parece desagradable y tonto, pero de hecho, tengo en mi lista de pendientes sentarme algún día a ver un capítulo completo, para poder afirmar con total seguridad que es algo que no me gusta. Y entre tanto, no me molesta para nada no saber de los Simpson (ni de astrología, ni de etcétera etcétera)

Pero, ya en serio: ¿Sentirte orgulloso por ignorar algo? Puedo comprender que no te importe no saberlo, pero de ahí a vanagloriarte de ausencia de conocimiento… no me cabe en la cabeza. Por más que me esfuerzo, es una de esas cosas que no consigo comprender.

A menos que uno sea de quienes creen que la ignorancia es fuerza